Guía para montar tu primer PC: piezas esenciales y errores comunes
Guía práctica para montar tu primer PC: qué piezas comprar (CPU, GPU, RAM, fuente, placa) y cómo evitar errores comunes de novato.
Planificación y objetivos
Antes de comprar piezas, define con claridad el uso principal de tu PC: juegos, creación de contenido, trabajo de oficina o una mezcla. Ese objetivo marcará el presupuesto y la distribución del gasto entre CPU, GPU, almacenamiento y otros componentes. Piensa en la escalabilidad: quizá hoy no necesites tanta potencia gráfica, pero sí una placa base que permita actualizar más adelante. Evalúa la compatibilidad entre piezas (socket del procesador, tamaño de la caja, conectores de la fuente) y evita cuellos de botella asignando recursos de forma equilibrada. Prepara un área de trabajo limpia, con buena luz y superficie no conductiva; usa seguridad antiestática siempre que puedas. Haz una lista de herramientas: destornillador magnético, pasta térmica, bridas y alcohol isopropílico para limpiezas puntuales. Planifica también el sistema operativo, la partición de discos y una estrategia de copias de seguridad. Finalmente, revisa manuales y diagramas de cada componente para minimizar errores durante el montaje.
CPU y GPU: el corazón lógico y gráfico
La CPU ejecuta tareas generales y gestiona procesos en segundo plano, por lo que conviene valorar núcleos, hilos y frecuencia de trabajo, así como el IPC (instrucciones por ciclo) para cargas monohilo y multihilo. Para edición, render y multitarea intensiva, más núcleos ayudan a mantener la fluidez; para juegos, el equilibrio entre IPC y frecuencia suele ser clave. La GPU maneja gráficos 3D y aceleración en aplicaciones creativas. Fíjate en la VRAM, el ancho de banda y el soporte de codecs de video si haces streaming o edición. Considera el TDP y el consumo conjunto para dimensionar la fuente de alimentación. Si priorizas eficiencia y tamaño compacto, una APU con gráficos integrados puede ser suficiente; si buscas altas tasas de fotogramas o render acelerado, invierte más en GPU dedicada. Procura que CPU y GPU estén balanceadas para evitar cuellos de botella que limiten el rendimiento real del sistema.
La placa base y su ecosistema
La placa base define la compatibilidad del sistema: revisa el socket del procesador, el chipset y el formato (ATX, microATX, Mini-ITX), pues condicionan el tamaño de la caja y la cantidad de ranuras. Un buen VRM (fases de alimentación) aporta estabilidad, especialmente si trabajas con CPUs exigentes. Verifica la cantidad de ranuras M.2 para SSD NVMe, puertos SATA para discos adicionales y la disponibilidad de PCIe para tarjetas de expansión. Considera conexiones traseras y frontales: USB de alta velocidad, audio, red y encabezados internos para ventiladores y RGB si lo necesitas. La UEFI/BIOS debería ofrecer opciones claras de configuración, incluidas las de perfiles de memoria y curvas de ventilación. Revisa la colocación de conectores para facilitar la gestión de cables y el flujo de aire. Piensa en extras como Wi‑Fi integrado, mejor audio analógico o depuración de arranque mediante códigos POST; pueden simplificar tanto el montaje como el soporte futuro.
Memoria y almacenamiento: velocidad y capacidad
La RAM impacta directamente en la multitarea y la fluidez. Para la mayoría, 16 GB es el punto de partida razonable, mientras que 32 GB beneficia creación de contenido o máquinas con múltiples aplicaciones abiertas. Busca kits en dual channel para aprovechar el ancho de banda, y equilibra frecuencia y latencia; un perfil bien ajustado suele rendir más estable que ajustes agresivos. En almacenamiento, un SSD NVMe como unidad principal ofrece cargas rápidas del sistema y programas; añade SATA SSD o HDD para bibliotecas de juegos, proyectos y archivos grandes. Valora el TBW (resistencia de escritura) si trabajas con datos intensivos. Planifica particiones para separar sistema y datos, y organiza una política de copias de seguridad externa o en otra unidad. Asegúrate de que los disipadores de los M.2 no interfieran con otros componentes, y deja algo de overprovisioning para mantener el rendimiento con el paso del tiempo.
Energía y refrigeración: estabilidad y silencio
Una buena fuente de alimentación garantiza estabilidad y longevidad. Calcula los vatios necesarios según CPU y GPU, deja margen para futuras actualizaciones y prioriza certificación 80 Plus para mayor eficiencia. Revisa conectores EPS para la CPU, PCIe para la GPU y opta por diseño modular para simplificar la gestión de cables. En refrigeración, busca un flujo de aire coherente: entrada frontal o inferior y salida trasera o superior. Usa ventiladores de 120 o 140 mm bien ubicados y ajusta curvas para combinar rendimiento y bajo ruido. Para la CPU, elige entre disipador por aire tipo torre o AIO; ambos son válidos si están correctamente dimensionados al TDP. Aplica pasta térmica en cantidad moderada y uniforme. Considera presiones positiva o ligeramente positiva para reducir el polvo, y limpia filtros con regularidad. Un sistema frío y silencioso rinde más, envejece menos y mejora la experiencia diaria.
Montaje práctico: orden y seguridad
Empieza preparando la caja con los separadores correctos para el formato de la placa, coloca el I/O shield si es necesario y monta CPU, RAM y SSD M.2 en la placa fuera de la caja cuando sea posible. Inserta la placa con cuidado, atornillando sin exceder el par. Conecta la fuente y realiza una prueba en bancada mínima (CPU, una RAM, GPU si aplica) para verificar POST antes de cerrar todo. Gestiona los cables por la parte trasera, utilizando bridas y pasacables; una buena gestión de cables mejora el flujo de aire y facilita el mantenimiento. Presta atención al panel frontal: pines de encendido, LED y audio, siguiendo el diagrama del manual. Asegura la correcta orientación de ventiladores para coherencia en la entrada y salida de aire. Evita forzar conectores, revisa que cada clip encaje y mantén prácticas de descarga electrostática. Finaliza conectando almacenamiento adicional y comprobando que nada obstruya ventiladores o ranuras.
Errores comunes y verificación final
Entre los errores comunes destacan no conectar el cable EPS de la CPU, invertir conectores del panel frontal, olvidar retirar el protector del disipador M.2 o aplicar demasiada pasta térmica. También es frecuente no habilitar perfiles de memoria (XMP/EXPO) y perder rendimiento. Verifica el orden de boot en la UEFI/BIOS, la detección de todas las unidades y la velocidad del enlace PCIe. Comprueba la orientación de ventiladores y ajusta curvas para reducir ruido sin comprometer temperaturas. Realiza pruebas de estrés controladas de CPU y GPU, y pruebas de memoria para descartar inestabilidad. Monitorea temperaturas de CPU, GPU y SSD bajo carga, y escucha ruidos inusuales de rodamientos o coil whine. Si el sistema no hace POST, prueba con un solo módulo de RAM, revisa cables y limpia contactos. Documenta números de serie y conserva empaques por si necesitas RMA. Con paciencia y método, podrás disfrutar de un equipo fiable y optimizado.